CULTURE & MOVIES

Revisitando un planeta salvaje.

Por. Nicolás O. García


Hablemos de cine de culto. Existen ciertas películas que todo aquel que se llame cinéfilo/a, debería haber visto, o al menos saber de su existencia, algunos definen el cine de culto como esas populares películas que fueron un éxito en la taquilla, mientras otros ven en el cine de culto obras maestras, complejas de comprender y que son un ícono en sólo algunos grupos determinados. En fin, tomando un poco de esto y de aquello, hemos revisitado «La planète sauvage», o en español «El planeta salvaje», luego de mucho tiempo sin verla, y tal parece que su trama es cada vez más atingente a nuestra cotidianidad.

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«El planeta salvaje» es una película francesa de ciencia-ficción animada de 1973. Sin hacer spoilers (porque entendemos que no todo el mundo la ha visto), el film narra la historia de un planeta habitado por humanoides de color azul llamados ‘Draags’ que conviven en una sociedad, conformados en familia tal como en nuestro planeta, y tienen sus respectivas jerarquías. El punto de tensión que se registra desde el inicio de la cinta, es cuando observamos cómo algunos humanos (denominados ‘Oms’) se convierten en mascotas debido a la popularidad de éstos entre los niños y adolescentes Draags, mientras aquellos que son adultos, constantemente están analizando el comportamiento de los Oms, tal como nosotros, que incansablemente hemos estudiado las posibles formas de vida en otros planetas, adueñándonos prácticamente de todo el universo.

De esta forma, a medida que transcurre la película, observamos cómo los Draags tienen un comportamiento déspota, y de superioridad ante la raza humana, por lo que estos seres tratan a sus «mascotas» de forma bastante precaria. Y así vamos conociendo la historia del distópico paralelo, y la visión de éste por parte de un humano, lo cual nos hace sentir de cierta forma identificados, y comprender la historia desde una perspectiva más sensible.

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Ahora bien, aquello resulta tremendamente efectivo para ponernos del lado del oprimido en búsqueda de libertad, y con ello tenemos el gran argumento de la película, la relación de una raza que se adueña de su planeta y todo lo existente en él, y se posiciona a sí misma sobre cualquier otra, versus una plaga de seres no del todo deseables que se reproducen con facilidad, que somos nosotros, los humanos. La trama entonces nos obliga a adoptar una nueva perspectiva, en la que debemos pensar en nuestra interacción con la de otras especies, como los animales.  A menudo se observa cómo los Draags son bastante poco empáticos —a veces— con los Oms, únicamente por considerarlos «animales sin cerebro», por lo cual es casi imposible no hacer la relación humano-animal. Y es que a pesar de que su mundo está muy avanzado en cuanto a tecnología y conocimientos, pareciera que los habitantes del Planeta Salvaje sólo velan por su propio bienestar, sin importar las consecuencias que ello pudiera traer a su alrededor. Entonces contemplar a nuestra propia raza rebajada a una simple y prescindible categoría, sirve perfectamente como una metáfora para analizar y cuestionar nuestro actuar con el entorno.

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Incluso si fuéramos más allá del discurso anti-especista del film, también hay una crítica social profunda, que refleja las contradicciones del progreso, y la búsqueda de una supremacía por parte de alguna determinada cultura por sobre otra, así como denunciar problemas graves como la violencia y racismo sistemático operado en Estados Unidos durante los años 60, o el tristemente célebre Apartheid en Sudáfrica. Cabe recordar que la cinta animada fue estrenada durante el transcurso de la Guerra Fría, y una gran parte de las producciones cinematográficas de esa época buscaba explicitar conflictos entre dos grupos sociales los cuales deben aprender a convivir juntos para lograr una armonía, lo cual hace también mucho sentido.

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En fin, esta historia se presta para muchísimas interpretaciones, sin embargo la más concreta es la negativa hacia una preeminencia de la raza humana por sobre cualquier otra, tema que definitivamente nos ha hecho ruido durante esta pandemia global, y ser testigos de cómo los animales en ocasiones han vuelto a ser libres o han recuperado un espacio ampliamente explotado por nosotros. Este tiempo de encierro nos ha enrrostrado lo ínfimos que podemos llegar a ser frente a un organismo unicelular que puede cambiar nuestra historia permanentemente, lo que nos invita a ser críticos acerca de cómo estamos construyendo una sociedad en un planeta donde conviven cientos de seres vivientes a quienes hemos minimizado y exterminado. Siempre concerniente a nuestra realidad, «El Planeta Salvaje» es una película que se merece no una oportunidad, sino varias, algo perfectamente realizable ya que su duración no es excesivamente extensa, y si nos llevará a reflexionar sobre tópicos de tal relevancia, ningún tiempo es demasiado largo.

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